Cuarenta gotas de azufre - Paula Brecciaroli

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¿Qué se puede hacer con el dolor de una separación? “Cuarenta gotas de azufre”, de Paula Brecciaroli, tiene la respuesta: poesía. Pero no cualquiera, sino una tajante de versos breves (de entre 3 y 7 sílabas), y en muchos casos de una sola frase que se descompone en líneas encabalgadas. Cortes abruptos como el amor cuando se va. Poemas con foco en el remate, no en busca del chiste, que dejan el drama interno expuesto por la vía de la metáfora, reflejo o asociación de imágenes. Pájaros que caen de los árboles como el de la tapa; gatos y perros muertos, entrevistos en la vereda; gritos de borrachos que se oyen en la calle, o:

“Los escombros
de un local vacío
me hacen pensar
en nosotros.”

Los 55 poemas que componen el libro vienen sin título, cuentan en un continuo de escenas sueltas las sensaciones de alguien que se quedó sin pareja y en la casa compartida, doble dolor del final al ver en los ambientes los fantasmas de un tiempo más feliz. “Cuarenta gotas de azufre” transcurre casi por completo durante la noche, a esa hora donde se hacen “intenciones” y “conjuros” para salir del trance de la tristeza, y donde “los vicios” se nombran sin jactancia. El libro empieza con los versos “Volver a casa / encontrarla vacía” y en el último poema se anuncia: “Donde termine la tierra / voy a construir una casa”. En ese tránsito –al igual que en “Itaca”, el poema de Kavafis que oficia de epígrafe– lo importante es el viaje, no tanto llegar a destino.

Santos Locos Poesía

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